Tratamiento nutricional en pacientes con fibrosis quística


¿Qué es la Fibrosis Quística?

La Fibrosis Quística (FQ) es una enfermedad hereditaria de tipo autosómica recesiva ocasionada por una mutación en el gen regulador de la conductancia transmembranal de la fibrosis quística (CFTR, por sus siglas en inglés), lo que ocasiona la acumulación de moco espeso que bloquea los ductos y tubos adentro de los pulmones, intestinos, hígado, páncreas y aparato reproductor.

Las complicaciones incluyen bronquitis, neumonía, intolerancia a la glucosa y malabsorción de nutrientes ocasionada por una disponibilidad reducida de enzimas digestivas, secresión de bicarbonato y reabsorción de ácidos biliares. La principal causa de morbilidad y mortalidad de esta enfermedad, es la afectación pulmonar, causante del 95 % de los fallecimientos, sobre todo por infecciones repetidas originadas por obstrucción bronquial debida a la secreción de mucosidad muy espesa. Al ser una enfermedad multisistémica crónica y progresiva, es fundamental el abordaje multidisciplinario de la misma.

Nutrición en Fibrosis Quística:

La desnutrición es un problema frecuente en los pacientes con FQ y se relaciona a un balance negativo de energía determinado por tres factores principales: aumento de los requerimientos nutricionales, disminución de la ingestión de alimentos e incremento de las pérdidas por trastornos malabsortivos característicos de la enfermedad. Por consiguiente, la importancia de un óptimo estado nutricional ha demostrado influir de manera favorable disminuyendo la mortalidad, morbilidad y mejorando la función pulmonar.

Los objetivos principales que se busca conseguir tras el inicio de la dietoterapia individualizada son: mantener el adecuado crecimiento para la edad en pacientes pediátricos y alcanzar el estado nutricional óptimo en la etapa adulta; prevenir la pérdida de peso a expensas de la masa muscular y favorecer la biodisponibilidad de alimentos de la dieta.

La evaluación nutricional del paciente con FQ incluye datos antropométricos, bioquímicos, clínicos y dietéticos desde el momento del diagnóstico y a lo largo de su seguimiento, ya que permite identificar cambios en el estado nutricional y efectuar intervenciones oportunas que mejoren la calidad de vida y el pronóstico de los mismos.

En términos generales, el abordaje nutricional de los pacientes con FQ considera períodos críticos de mayor riesgo nutricional:

  • Los primeros 12 meses después de hecho el diagnóstico de FQ o el primer año de vida en lactantes diagnosticados precozmente.
  • El período peri-pubertad: 9 a 16 años en mujeres y 12 a 18 años en hombres (rápido crecimiento, alta demanda energética y menor adherencia al tratamiento).
  • Etapa adulta, durante las exacerbaciones y/o sobreinfecciones, en que aumentan los requerimientos y las pérdidas, a la vez que disminuye la ingesta.

Las recomendaciones habituales en cuanto a los requerimientos energéticos varían mucho dependiendo del género, tasa metabólica basal, actividad física gravedad de la enfermedad y de la malabsorción de nutrientes.

Los requerimientos energéticos están sobre 120% a 150% de aquellas para niños sanos (FAO-OMS: RDI 2002) y durante los periodos de infecciones agudas o exacerbaciones de la enfermedad, estos pueden alcanzar sobre el 200%.

En la mayor parte de casos existe dificultad para alcanzar la meta calórica, por lo que se debe procurar un aporte suficiente y adecuado de macro y micronutrientes (generalmente con el apoyo complementario de suplementos nutricionales) y la adherencia adecuada al tratamiento enzimático como coadyuvante en el aprovechamiento biológico de los mismos. Se considera el empleo de alimentación por sonda nocturna para cubrir estos requerimientos.

La educación a la familia y los pacientes también favorece una mejor adherencia al tratamiento nutricional cuando se la realiza desde el momento del diagnóstico. También debe existir anticipación a las posibles intervenciones a realizar en el curso de la enfermedad, en forma clara, cercana y positiva.

Entre las recomendaciones nutricionales se suele destacar el consumo de fuentes alimentarias de ácidos grasos omega 3, complementos nutricionales multivitamínicos y de minerales como hierro, calcio, etc.

Es importante la correcta administración de enzimas pancreáticas para favorecer el metabolismo de los nutrientes proporcionados en la dieta, por lo que el trabajo multidisciplinario y la asesoría nutricional juega un papel fundamental en el proceso de tratamiento de esta enfermedad.

M.Sc. Verónica Valladares

Nutricionista Dietista

Especialista en Nutrición Clínica

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